
Sayd Bahodín Majruh (Afganistán 1928-Paquistán 1988) dice:
"En los valles afganos y en los campos de refugiados de Paquistán, las mujeres pastún improvisan cantos de gran intensidad y fulgurante violencia: los "landays" (breves). Esta forma poética limitada a dos versos crea una instantánea de emoción, apaenas un grito, un furor, una puñalada en el pecho. Estos poemas dotados de un marcado ritmo interno, hablan de amor, honor y muerte y, valiendose de estos temas, de rebeldía siempre. Sin duda, nunca un canto tan breve reveló tanto de la inhumana condición de la mujer y de la opresión que la reduce al estado de objeto doméstico y la somete al código pueril de los hombres. Privada de libertad y vejada en sus deseos y su cuerpo, a la mujer pastún no le queda otra salida posible que el suicidio o el canto...". NOTA: éste es uno de esos libros destinados a romperte por dentro; de esos libros que no sabes muy bien cómo o por qué, pero tienen que llegar a tus manos; de ésos que desconoces que existen, pero que sin embargo sabes que alguna vez, ya digo, no sabes cuándo, en tu vida leerás; y es más, seguro que cuando llega ese momento, lo haga cuando más necesites tener los pies en el suelo, más que nada porque llevas una temporada en la inopia haciendo acrobacias, así que ahí está el libro en cuestión, para que aterrices y te dejes de gilipolleces. a mí me llegó, hace tanto tiempo que me parece un siglo, gracias a la generosidad del poeta david gonzález. más tarde, rulando por la red para conocer un poco más a su autor, descubro que la poeta déborah vukusic en su día lo recomendaba también por su blog, posiblemente esta sea otra consecuencia del destino o, quizá no. el tema es, que este libro lo tenía perfectamente ordenado en el estante de las cosas desordenadas, hasta que caí en la copla de que estaba ahí, delante de mis narices y que por hache o por bé no tuve ocasión de leerlo; y la cosa es, que ya lo leí, y ay amigo, qué ganas de pasar un mal rato con una bola de sal en la garganta. si acaso, más que por sus “landays”, por la intrahistoria que en ellos hay, y es que uno se queda helado si sabe que sólo por el mero hecho de nacer mujer vales una puta mierda, es decir, serás una desgracia para tus progenitores, te usaran como moneda de cambio, estarás condenada de por vida ser la mula de carga, además de la esclava, de tu mejor postor ,o, lo que es lo mismo, un viejo pudiente o un niñato consentido (“pequeño horrible”); luego, la bola de sal es cuando conoces que en apariencia toda esta barbaridad es más o menos aceptada por ellas, vamos, si se acepta por un lado, el suicidio como liberación a la tortura y por el otro, el canto y la escritura que conducirán inexorablemente al exilio, en el mejor de los casos, cuando no, a la lapidación; la bola de sal definitivamente se aposenta en el estómago cuando sabes que para el suicidio como sinónimo de rebeldía no utilizarán ni la soga ni las armas pues son instrumentos que identifican al genero masculino, así que la elección para quitarse la vida será mediante el veneno o la asfixia...
algunos landays:
Dame la mano, amor mío, y partamos a los campos
para amarnos o caer juntos bajo las cuchilladas
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Que esta roca me aplaste con su peso,
pero que nunca me roce la mano de un marido viejo.
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Ved del esposo la horrible tiranía:
Me pega y me prohíbe llorar
Sayd Bahodín Majruh / El Suicidio Y El Canto : Poesia Popular De Las Mujeres Pastún De Afganistán (Ed.Oriente Y Mediterraneo, 2002)